Salón MotoMadrid 2017

IMG_7505Ayer estuve en el Salón MotoMadrid, el Salón Comercial de la Motocicleta que se celebra los días 24, 25 y 26 de marzo en el Pabellón de Cristal – Recinto Ferial Casa de Campo – Madrid. Nunca había acudido a una cita así. Recogí a Enrique en su casa y antes de las cuatro de la tarde ya estábamos en la cola para comprar las entradas. Había bastante gente, pero no hasta el punto de despertar esa especie de angustia que me entra en los sitios en los que no se cabe. Mayores, medianos y pequeños. Todo tipo de gente: moteros, motoristas, familias, niños y niñas, y paseantes.

Recorrimos la práctica totalidad de espacios preparados por los expositores. Unos vendían parches, otros vendían pantalones, otros vendían motos y otros no vendían nada. Entre todos me llamó la atención uno, que no vendía ni parches ni pantalones ni motos. Ese tipo vendía ilusión. Se llama Miquel Silvestre, que dio una charla sobre sus proyectos. Pude oír bien poco por el exceso de gente agolpada contra las primeras filas, pero no me importó demasiado.

De entre los expositores que vendían motos –o no vendían motos- destaco unos cuantos. En primer lugar, Royal Enfield, marca de 1909 que continua haciendo preciosas motocicletas de media cilindrada. Me parece que son motos con mucho estilo, con una personalidad muy acentuada, elegantes, camperas y urbanas a la vez, que han sabido modernizarse y mantener el rollo vintage, que diría cualquier teenager. Nunca he conducido ninguna y realmente me encantaría dar una vuelta por ahí con cualquiera de sus modelos.

Yamaha y Honda, dos marcas japonesas que no fueron, como Ducati, las que más pagaron por metro cuadrado de superficie. Dos marcas que escalan compitiendo por la inclusión de tecnología punta en sus máquinas. Ducati, creo, pelea por el estilo y no parece poner acento en la tecnología, que lo pone, pero sigue vendiendo estilo e italianeidad.

Indian. Menudas motos! Chief y Scout, las dos “pequeñas”, rodeadas por sus hermanas mayores como las Roadmaster, Fue un espectáculo velas todas juntas, sentarme en ellas, palpar su historia desde 1901.

BMW y sus caballos. Enormes motos y enormes motores. Esa moto ideal para cuando me vaya –soñar es gratis- a Armenia, Georgia y Azerbaiyán. Impresionante tecnología guiada por manillares de 22 mm, como el mío.

Y las Harley-Davidson, claro. También fue espectacular verlas todas juntas, desde las grandes hasta las pequeñas. Ayer estaba entronizada la nueva Street Rod. Dejando aparte las motos más grandes, que no son para mí, me probé todas las demás. Quería comprobar algo y lo comprobé. El lector sabe que yo tengo una Street XG750, la primera de la nueva familia en la que se integran la Street 750 y la Street Rod. Bien, pues quería comprobar la postura, el manillar, los pedales… la sensación. En seco, pero la sensación. Me ha parecido que la Street XG750 es una Harley-Davidson como las demás. Tiene el motor más pequeño de la marca, no es la más estrecha ni es la más larga. Pero creo que es una dignísima moto. Comparada con las otras motos a las que ayer me subí, las calidades son superiores a muchísimas de ellas y semejantes a las de sus hermanas mayores.

Digo todo esto porque sigo encontrando gente que desprecia, que se ríe, que perjura, de este modelo nuevo. La mayor parte de ellos dicen que no es una Harley-Davidson. Que es una moto fabricada en la India y para los indios. Que está toda llena de plásticos, que tiene un radiador y se refrigera por agua, que no vibra. Que no es una Harley-Davidson de toda la vida. Yo creo que, en los tiempos que corren, una de las mejores cosas que se pueden hacer es abrir la mente, aceptar los nuevos paradigmas y no encerrarse en que lo único bueno y auténtico es lo de cada uno. Si no fuese así no entendería esa parte de la Misión, Visión y Valores que Harley-Davidson tiene formulada, que dice algo así como que sus motos están concebidas para las rectas carreteras y autopistas. Porque a ninguno que conozca, o que no conozca, que poseen una Harley-Davidson de las de toda la vida, les gusta rodar por ese tipo de carreteras. Veo enormes Harley-Davidson por carreteras de montaña, por puertos, por carreteras nacionales, por carretiles perdidos. Motos que no caben por algunas carreteras de asfalto deshecho. Y me parece muy bien porque cada uno hace lo que quiere, o lo que puede. Harlista, motero, motorista, viajero, aventurero… es posible que estas palabras no sean sinónimas.

Ya nos íbamos. Tras un rico bocadillo de jamón -no hubiera pasado nada si hubiera tenido un poco de tomate y aceite- nos fuimos. Mira que le había dicho a mi mujer que iba a ver a Miquel Silvestre, que a ella le encanta, y me iba sin haberle podido saludar. Pero bueno, no siempre se puede hacer todo lo que uno quiere. Bajamos las escaleras para dirigirnos al coche. Y nos lo encontramos de casualidad. Estaba hablando con algunas personas. Me acerqué, le hice un gesto con la mano como pidiéndole un segundo. Entendió el gesto y me aceptó. Le dije: -un minuto para mí, que soy de Talavera. Hicimos un par de fotos y nos fuimos.

Algunos dicen que Miquel es un graciosillo. Otros dicen que no está bien, que hacer esas cosas que hace… A mí me parece que Miquel Silvestre tiene el don de pasar por encima del miedo, por encima de las convenciones, por encima de corbatas y despachos. Sabe ver las cosas de otra manera. Creo que lo que hace es muy difícil. Un tipo que renuncia a una vida más que segura por perseguir su sueño, a mí, me merece todo el respeto y admiración.

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Algunas pinceladas sobre la marca Harley-Davidson

“Cuando alguien posee una Harley se da cuenta de que accede a una comunidad de iguales donde no importa el estatus, el trabajo, los ingresos” (Jonathan Cooper).

Harley-Davidson sabe exactamente lo que es, y cómo se ve a través de los ojos del público, en particular de sus entusiastas. El fabricante ha abrazado enteramente su identidad como la encarnación vehicular de la “libertad”, del “individualismo”, de la “rebelión” y del “estilo americano”.

“No es hardware”, dijo Richard F. Teerlink, presidente de Harley-Davidson en una entrevista, “es un estilo de vida, un apego emocional. Eso es lo que tenemos que mantener”.

En 1983 Harley-Davidson creó el Harley Owners Group (HOG). Este club permitiría a la marca conectarse con sus clientes y con el resto de la gente. Cuando se concibió, HOG fue criticado por los moteros más puristas por robar y suavizar el carácter recalcitrante de la compañía. Eso, sin embargo, no disuadió las ambiciones de comercialización de Harley. A través de HOG, Harley-Davidson patrocinaría reuniones de moteros, organizaría campañas de beneficencia y ofrecería promociones especiales a su diversa base de fans. Además, los nuevos miembros podrían disfrutar de su primer año sin costo alguno. Más importante aún, el club se convirtió en el vehículo principal de Harley-Davidson para desligarse de las bandas de motocicletas. Cylde Fessler, vicepresidenta de desarrollo empresarial de Harley, utilizó HOG para fines filantrópicos, asociando el club con la Muscular Dystrophy Foundation y otros grupos caritativos y solidarios.

A pesar de su imagen renegada, Harley-Davidson tiene fuertes conexiones con el ejército estadounidense. En la Primera Guerra Mundial, Harley vendió 15.000 motocicletas a los militares de EE.UU., y casi toda su producción durante la Segunda Guerra Mundial fue también para los militares. No es sorprendente que muchos veteranos militares hayan comprado bicicletas Harley para uso civil.

Cuando alguien posee una Harley se da cuenta de que accede a una comunidad de iguales donde no importa el estatus, el trabajo, los ingresos. En pocas palabras, la pasión por Harley aumenta a medida que las personas escuchan más historias de sus hermanos.

La compañía fue casi una víctima de la Gran Depresión y en la década de 1970 una ola de importaciones japonesas nuevamente amenazó a la existencia de la compañía. Pero desde 1980, cuando fue tomada por un grupo de inversionistas expertos, Harley-Davidson se ha convertido en una de las mejores marcas. La clave para el renacimiento de Harley-Davidson fue renunciar a una guerra total con sus competidores japoneses, más baratos y más eficientes, y abrazar la apariencia retro de motos anteriores. Harley-Davidson era la libertad, América y la emoción de la carretera. En un mundo de homogeneidad, Harley-Davidson ofreció a sus clientes la oportunidad de rebelarse y tomar un camino alternativo.

Con cada año que pasa, Harley-Davidson corre el riesgo de convertirse en un callejón sin salida en el que los nuevos clientes asocian la marca con viejos hombres blancos y no con la libertad del camino. Muchos analistas han visto señales de que Harley-Davidson podría estar perdiendo el desafío del rejuvenecimiento y, con él, el atractivo fundamental de la marca.

“Estamos comprometidos con el motociclismo”, dijo Richard F. Teerlink, presidente de Harley y ex director ejecutivo, en una entrevista. “No es hardware, es un estilo de vida, un apego emocional. Eso es lo que tenemos que mantener”.

En 1996, Harley no gastó ni un solo centavo en publicidad. No tenía que hacerlo. Madison Avenue piensa que las bicicletas de la compañía son tan geniales que las pone en anuncios de innumerables productos, dando a Harley millones de dólares de exposición gratuita. Mientras que las compañías pagaron $ 1 millón por cada 30 segundos durante la Super Bowl 1997, 100 Harleys estaban en el campo como parte de la demostración del medio tiempo, otra vez sin costo alguno para la compañía. La vicepresidenta de mercadotecnia de Harley, Joanne M. Bischmann, informa que está constantemente despreciada por las solicitudes de celebridades para servir como pitchman oficial de la compañía. Dado que Harley no tiene publicidad de televisión nacional y sólo una campaña de impresión pequeña, la Sra. Bischmann declina educadamente todas las solicitudes.

Y es que Harley ha demostrado que una marca puede ser mucho más, conectar con su público a un nivel emocional que va más allá de los productos. Harley se ha mantenido fiel a sus principios y no necesita crear experiencias ni fórmulas publicitarias originales para su target porque en sus propios productos ofrecen los aspectos emocionales más intensos.

Su secreto ha sido saber generar expectativas, hacerse esperar entre el público y controlar al máximo sus lanzamientos. Porque ninguna otra compañía del mundo puede igualar la lealtad que muestran los clientes de Harley-Davidson. Y es que tener una Harley significa algo más que conducir una moto. Se trata de pertenecer a un grupo exclusivo de personas que sienten devoción por una marca.

“Somos la única marca comercial que la gente se tatúa. No he visto Coca-Cola o Apple, de momento, tatuarse el logo. Y eso te lo dice todo” (Josep Grañó, director general de Harley-Davidson en España y Portugal, 2010).

¿Cuál es el estilo Harley-Davidson?

Este post no tiene intenciones de ser una lección de historia. Simplemente quiero proponer al lector un recorrido visual por unos cuantos modelos de la marca a lo largo del tiempo para ver si consigo dar respuesta al título de la entrada. El recorrido es el siguiente:

1900

Década 1900

1913

1913

1921

1921

1930

Década 1930

1940

Década 1940

1950

Década 1950

1960

Década 1960

1970-1

Década 1970

1990

Década 1980

1980

Década 1990

2000

Década 2000

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Década 2010

Yo, en muchas ocasiones, me dedico a preguntar. Ahora también quisiera preguntar: ¿Cuál es el estilo Harley-Davidson?

Gran pregunta ésta que se me ha ocurrido a mi solito… Porque lo cierto es que desde 1903 HD ha construido un montón de modelos. No hay más que asomarse a la Wikipedia, ver documentales, ver incluso alguna serie, para darse cuenta de que HD ha pasado por unos cuantos estilos. Además hay que decir que esos cuantos estilos son bien diferentes entre sí. ¿Cuál es el estilo Harley-Davidson? ¿Cuál es realmente el estilo Harley-Davidson?
Me parece que la respuesta es más fácil de lo que parece. Todos.

Supongo que ante cada uno de los cambios de estrategia estilística, los propietarios de las anteriores marcas se constituirían, como ahora, en detractores de los nuevos modelos. Porque no he visto por la calle que nadie lleve una moto de 1903, ni de 1907, ni de las que hicieron para la 1WW, ni de las que sacaron en USA en la década de 1930, ni de las que enviaron a la 2WW, ni de las que construyeron para suavizar la morriña de los soldados que participaron en la contienda…

Harley-Davidson es una marca muy importante porque, a mi parecer, tiene algo que otras muchas no consiguen. Es una marca que sabe cómo transformar clientes en embajadores. En este sentido comparte branding lines con Apple, por ejemplo. Y eso es bien difícil de conseguir. Un propietario de HD se quejará del nuevo modelo y dirá que la MoCo se ha vuelto loca y que ya no es lo que era. Y no creo que esta circunstancia sea de ahora, sino de cada vez que han sacado un modelo nuevo.

Capacidad de adaptación a lo nuevo. Ojalá todas las marcas fuesen capaces de esto. Y todos los usuarios… No acabo de entender que haya gente que ciña el estilo Harley-Davidson al de su propia motocicleta, dejando fuera muchas otras opciones. Deberíamos darnos cuenta de que el tiempo pasa y de que todo se adapta a la novedad.

Un lugar sobrecogedor

img_7278Hoy que podía, he salido a probar La Carabela tras la revisión de ayer. Ayer, pensando, se me puso la idea de ir a Majaelrayo (Majada del Rayo que cayó en el siglo XV por aquellos pagos). Así que a las nueve ha estaba en la calle, todo enmotado. Me gusta salir pronto y volver pronto y normalmente me pierdo las horas de mejor temperatura. Pero los del tiempo daban para hoy una horquilla soleada desde las 10 hasta las 13 horas, cosa que ha resultado ser cierta solo a la vuelta, y no en el destino, para el que daban lluvia desde las 12. Desde luego aquello tenía toda la pinta de ir a llover tarde o temprano.

No conocía Majaelrayo. No había pasado nunca de Tamajón y su ciudad encantada y su Ermita de Los Enebrales. En Tamajón es donde se junta la roca caliza que moldea esta singular formación similar a la conquense -no por su tamaño y espectacularidad, claro está- y la pizarra que anuncia los pueblos negros. La Ermita de Nuestra Señora de los Enebrales, tardíamente románica y tardíamente renacentista, contempla desde el siglo XVI a esta población que se ha mermado tajantemente en los últimos años. Es una bonita construcción rodeada por sabinas y enebros (me ha parecido ver alguno). El pueblo y la ermita están muy cerca del Pico Ocejón, montaña de pizarra que se sitúa al sur de la sierra de Ayllón. La coplilla popular, dedicada a la Virgen, acaba sus versos de esta manera:

“Tu cancela siempre abierta,
y abierto, tu corazón;
ayuda pido en tu puerta,
¡pues es duro el Ocejón!”

Es duro el Ocejón, y debió ser dura la vida de aquellos pobladores.

Hasta esta localidad el viaje ha sido muy bueno. He ido tranquileando, oliendo las curvas y contando las encinas. Entre Tamajón y Majaelrayo no hay ni veinte kilómetros. Ha sido un tramo realmente especial. Me he quedado de piedra -de pizarra- intentando llegar a un pueblo que no acababa de aparecer. Inmerso en un inmenso mar verde oscuro, con un cielo que se aplomizaba por minutos. Me he sentido solo. No me han consolado ni El Espinar ni Campillo de Ranas ni Campillejo. Solo con la moto. Qué bien sonaba hoy la Harley-Davidson en aquellos lugares! Creo que está terminando de aprender a sonar. No crea el lector que mi máquina hace lo que las auténticas Harley-Davidson. Les recuerdo que es una moto moderna, de inyección, una máquina inventada para el siglo XXI.

Lo cierto es que me ha gustado experimentar esa soledad. A veces busco estar solo mientras voy tirando a la cuneta algunas cosas y me voy limpiando por dentro. Creo que me sienta bien hacer limpieza.

Majaelrayo es un lugar sobrecogedor. Una población que es muestra de la hombría y hembría humana que hace frente a lo que les tocó vivir en un lugar así. Es difícil encontrar palabras para describir con precisión lo que he visto hoy. Cuántas personas han nacido y vivido en este pueblo a lo largo de los siglos, cuántas penurias han pasado, cuánto frío han tenido, cuánta soledad y aislamiento han experimentado bajo la nieve en esas casas planas y aplastadas como tiendas de campaña que no se atreven a despuntar más alto por si el viento se las lleva. Junto a hermosísimos lugares viven, como guardianes de un tesoro que el Creador escondió para los valientes.

PD: Finalizando esta pequeña crónica he recibido una llamada telefónica. Era Quique, de Makinostra, el servicio oficial donde ayer pasé la revisión de la Street XG750. Ha tenido la amabilidad de llamarme para aclararme alguna duda sobre la revisión y la garantía de la moto. Haber recibido una llamada así pone a las personas y a las organizaciones en su sitio. Gracias, Quique.

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Experiencia en Makinostra (Madrid)

img_7255El post de hoy trata sobre cuál ha sido mi experiencia al llevar a La Carabela a su tercera revisión, la de los 16.000 km. He ido, como las otras veces, al servicio oficial Makinostra (Madrid) y estoy contento por ello y, aunque la moto funciona perfectamente, he estado reflexionando sobre este asunto.

Hoy era el día reservado para hacer la tercera revisión a La Carabela. Hoy no tenía trabajo y, con tiempo solicité esta fecha que muy amablemente me fue asignada. Llevaba todo el fin de semana sin salir con la moto, calculando llegar lo más justo posible al kilometraje necesario, de tal manera que no se estropeara la garantía. Al entrar en la puerta de Makinostra el cuentakilómetros marcaba 16.001 km. -No hubiera pasado nada, me dice Fernando. En el tiempo de espera he pensado en esa frase. Si la revisión es a los 16.000, ¿qué margen habrá para que la garantía no pierda su efecto? ¿Es una cantidad concreta y exacta de km, o es algo que queda sujeto a la voluntad del servicio oficial? ¿Se hubiera estropeado algo de la moto si, en vez de quedarme en dique seco el fin de semana, hubiera hecho 500 o 600 km, y hubiera llevado la moto con ese exceso?

Eran las nueve de la mañana. Las nueve menos un minuto, para ser exactos. Tengo cierta facilidad para algunos cálculos -aparte de los del riñón, que también- y salí de casa con el tiempo que me suponía que iba a necesitar hasta llegar. Al salir con la moto va y se pone a chispear, cosa que ha hecho hasta Alovera. Yo, que tenía la moto recién limpia, con el suelo brillante al albor de las primeras luces del día, qué fastidio. -Bueno, no pasa nada porque en el taller la van a limpiar, he pensado. Creo que los neumáticos hoy han agarrado muy bien, mejor que otras veces o eso creo. No lo sé. Lo cierto es que ha dejado de lloviznar y me he podido concentrar tranquilamente en buscar mi sitio de hoy en la autovía.

En una de las cuatro ocasiones en las que el tráfico se ha parado me ha adelantado, filtrándose por entre los coches, una Harley-Davidson, no he podido reconocer el modelo por exceso de tuneado. A mí no me gusta ir entre los coches y me quedo en mi sitio, como un vehículo más (el día que yo lleve prisa tomaré el coche y no la moto). En la segunda ocasión en la que el tráfico se ha detenido he visto en el arcén izquierdo, que en ese punto de la carretera se ensancha mucho, a esa moto parada junto a un coche sobre cuyo capó estaban rellenando papeles, supongo que referidos a un parte amistoso.

Cartagena no tiene congestión y rápidamente encaro María de Molina, donde el tráfico no me ha parecido agresivo en esta mañana gris en la que ha tardado en despuntar el sol. Serrano, el puente sobre la Castellana, Dato y, al fondo, en Iglesia, por Santa Engracia hasta García de Paredes. Las nueve menos un minuto, justo cuando han llegado dos personas, una en una Forty-Eight y otra en una scooter cualquiera. Nos hemos saludado y ellos han entrado en el taller, que tenía bajado el cierre todavía. Cinco minutos después lo han levantado y ya.

Me han recibido muy amablemente y han sido muy considerados conmigo, no siendo ésta una frase hecha sino una afirmación consciente. Tanto al entregar como al recoger la moto han sido realmente educados. Una revisión bien hecha por personas amables no se diferencia en nada de una buena revisión hecha por personas impertinentes. La gente puede ser amable porque lo exige el foco de la empresa sobre el cliente o puede ser amable porque es amable, o porque tiene un buen día, o por simpatía hacia el cliente. Yo creo que los que me han atendido son, simplemente, amables. Y la revisión estará tan bien hecha como en cualquier otro sitio en el que hagan buenas revisiones.

Cuando he recogido la moto he hecho unos cien km pasando por algunos de mis lugares mantra hasta llegar a mi casa. Un paseo bien bonito.

Pero hoy, querido lector, no escribo este post para hablar y reflexionar sobre la experiencia de montar en moto sino para reflexionar sobre otra de las dimensiones de la experiencia Harley-Davidson. Recuerdo que, al comprar la Street XG750, me dieron a elegir entre un cheque de 300 euros para comprar en la boutique de Capital o una ampliación de la garantía oficial a 5 años. Aconsejado por mis amigos opté por lo segundo. -Si un día vendes la moto, la podrás vender con la garantía vigente lo que, sin duda, será un plus, me recomendaron. Y creo que el consejo es bueno. Tener la moto en garantía es una garantía, aunque tiene sus puntos negativos, como el hecho de no poder hacer modificaciones. No estoy seguro de si las modificaciones hechas por el propio servicio oficial perjudican la garantía. No lo sé.

Por otra parte, yo sé cambiar el aceite, sé cambiar bujías y sé cambiar filtros de aire, además de dejar la moto reluciente cuando la lavo. Sé hacer unas cuantas cosas y me gusta dedicar mi tiempo a tareas de esa clase. Me gusta trastear con la moto pero, al estar en garantía, no puedo hacerlas. No poder hacer estas cosas es algo que roza un pelín el escueto mundo de frustraciones del que soy propietario y me encantaría poder hacerlas. El trabajo manual, la satisfacción de hacer la moto más tuya, saber exactamente cómo has apretado tal pieza, conocer cómo hay que hacer para sacar tal o cual parte… Y estoy renunciando a todo esto.

Hoy me han cambiado el OIL FILTER POR UN IMPORTE DE 10,25. También el HOUSING PLATE, AIR FILTER, por 33,45. Han cambiado las dos SPARK PLUG M10 por 10,18. Han puesto 3,5 litros de H-D 360 20W50 55-GAL GRUM INTE por 33,85. Han usado PEQUEÑO MATERIAL por 8 euros, GESTIÓN DE RESIDUOS por 4 y PRODUCTOS DE LIMPIEZA Y DETERGENTE por otros 4. A esto hay que sumar MANO DE OBRA OFICIAL por 120 euros. Yo hubiera hecho todo eso en la bonita mañana que se ha quedado tras los primeros nubarrones. Pero la moto está en garantía y no puedo hacerlo porque la perdería.

La reflexión de hoy trata sobre esto, sobre la protección que Harley-Davidson ofrece sobre sus productos a costa de no tocar nada. Se ve que la customización de las motos ha de ser a partir del segundo año o a partir del quinto, según dónde la compres. Es decir, mi moto ha de estar pegada a un servicio oficial hasta dentro de cuatro años y poco pico. Cierto es que me siento tranquilo así, de la misma forma y en la misma medida que si la hubiera revisado yo mismo o con algunos de mis amigos con unas cervezas de por medio.

En este post he dicho muchas cosas y no he dicho muchas otras, como habrá podido observar el lector. Estoy encantado con mi Harley-Davidson, que se está portando como un hombrecito, que tiene una fiabilidad para mí desconocida, y que me está aportando experiencias únicas en este momento de mi vida. Me encanta.